En relación al actual proceso de negociaciones de un eventual III Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), las confederaciones sindicales de la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras queremos realizar las siguientes consideraciones:
1.- En la incipiente etapa expansiva en la que ha entrado la economía española, la negociación colectiva debe promover una mejora de los salarios de los trabajadores y trabajadoras en términos reales. Esto es clave para impulsar y consolidar el crecimiento económico y una cuestión de justicia social.
El pasado II AENC 2012-2014 incluyó unos criterios salariales coherentes con la fase de intensa crisis que atravesaba la economía española, que se traducían en un importante sacrificio de los salarios para ampliar los márgenes empresariales y que estos pudieran dedicarse a fortalecer su posición financiera e inversora y, en último término, mantener el empleo de las empresas. Este esfuerzo supuso una pérdida de poder de compra para los asalariados de nuestro país, que, al menos parcialmente, sirvió para contener la destrucción de empleo en muchas empresas y mejorar su posición competitiva vía costes.
Sin embargo, este acuerdo era necesariamente coyuntural y extraordinario, como las circunstancias que lo justificaron. Ahora el ciclo económico ha cambiado, y los criterios de actualización salarial deben acomodarse a esta nueva fase. La expansión debe traducirse en una mejora tanto de los beneficios de las empresas como de los salarios. Los trabajadores deben participar también de esta etapa de bonanza, recuperando lo perdido en los años anteriores.
Los criterios salariales para 2015 y 2016 deben asegurar esa mejora en términos reales. Por eso los sindicatos hemos defendido que los aumentos salariales se referencien a la productividad nominal de cada ámbito de negociación (productividad real más inflación), que es la variable que mejor refleja la situación productiva los mismos. Y siempre teniendo en cuenta las particularidades de cada sector y empresa. Otras referencias, como el PIB, resultan más arbitrarias e incompletas, puesto que no tiene en cuenta ni la evolución del empleo ni la de los precios, ambas clave para convertir a la negociación colectiva en un instrumento también útil para combatir el elevado desempleo.

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